Alimenta tus defensas

Sistema inmune y cáncer

Hoy, día 4 de febrero, con motivo de la celebración del día mundial de la lucha contra el cáncer, quisiera explicaros cómo potenciar vuestro sistema inmune a través de la alimentación, dado su papel relevante en la prevención y ayuda durante el tratamiento.

Primeramente, el sistema inmunitario es el principal responsable de combatir los agentes externos a los que estamos expuestos constantemente como los virus, las bacterias, los alérgenos, las partículas del aire, etc. Existen otros factores como el estrés, el estado de la microbiota intestinal, los medicamentos, la quimio (QT) y la radioterapia (RT) capaces de alterarlo. Además, está implicado en el desarrollo de patologías como el lupus o la artritis en cuyo caso ataca a las células propias aunque está condicionado por la genética.

En segundo lugar, el cáncer es una enfermedad multifactorial caracteriza por la destrucción y crecimiento excesivo de las células. Puede afectar a uno o más tejidos. Es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad. Y puesto que los tratamientos más utilizados y efectivos son la QT y la RT afectan negativamente sobre el estado nutricional me gustaría aconsejaros acerca de cómo reducir el impacto.

Antes de nombrar cada uno de los nutrientes que mantienen activadas las células inmunitarias quisiera explicar cómo se pone en marcha el cuerpo ante la mínima presencia de cualquier agente extraño.

Nutrientes para tus defensas

El organismo, al entrar en contacto con un virus, estimula la síntesis de las proteínas Igs y las citoquinas junto a prostaglandinas y los leucotrienos. Dichos productos circulan a través de la sangre hasta llegar al tejido afectado induciendo la hinchazón y el enrojecimiento que se conoce como inflamación. Como consecuencia, se secretan especies reactivas de oxígeno, por lo que es necesario disponer de antioxidantes. Así que las vitaminas C y E así como el selenio y el zinc son fundamentales. También destaca la vitamina A y D, las proteínas y el hierro (estudio de 2013, revisión 2016). También interviene la microbiota aunque todavía no hay estudios suficientes.

El consumo de alimentos proteicos (legumbres, frutos secos, huevos, lácteos, pescado y carne blanca) es clave por el gasto calórico y la pérdida de masa muscular que supone la enfermedad. Los profesionales sanitarios debemos adquirir la habilidad de prevenir y detectar una posible desnutrición. También es inducida por la falta de apetito, la alteración del gusto y el olfato, las náuseas y los vómitos. Son consecuencia de la quimio y la radio. El impacto negativo es una atrofia de los órganos productores de linfocitos, las células T y las natural killer.

Respecto a la falta de vitamina A, aumenta el riesgo de infecciones, especialmente respiratorias e intestinales. Se encarga de regenerar la barrera epitelial dañada por la inflamación. Se encuentra en las verduras y hortalizas de colores vivos como el pimiento, las zanahorias, los boniatos, la calabaza, los tomates y las verduras de hoja). La recomendación es tomar un plato lleno en las 2 comidas principales. Puedes tomarlas en purés, patés, ensaladas, salteadas con almendras y ralladura de limón, con pimentón y rellenas.

La vitamina D contribuye ne potenciar la acción antitumoral de las células inmunitarias y reduce el riesgo de infecciones. Se ha visto que es fundamental en la prevención y control de las enfermedades autoinmunes (estudio de 2012 y 2017). Interviene en la diferenciación de los macrófagos que son células inmunitarias. Actúa como una hormona antiinflamatoria. El déficit aumenta el riesgo de eccema y dermatitis atópica. Es suficiente con tomar el sol 10-15 min al día. Entre los alimentos destacan el pescado azul como el salmón y las sardinas, los huevos y los lácteos. Y se activa tras realizar ejercicio.

Llegados a este punto, seguimos con el grupo de los antoxidantes (review del 2011). Son indispensables para proteger la membrana de las células. Es debido a que están formadas por ácidos grasos que son muy sensibles a las especies reactivas de oxígeno. Por un lado, el selenio (frutos secos, salmón, bacalao y carne blanca) y el zinc (cacahuetes, semillas de sésamo y de calabaza y marisco). Son cofactores de las enzimas glutatión peroxidasa y las reductasas cuya función es protegernos frente al estrés oxidativo. Ayudan a combatir las inflamaciones e infecciones.

Además, el zinc regula la apoptotsis (destrucción) celular (revisión de 2015) por lo que está relacionado con el cáncer. Los niveles bajos se manifiestan con diarrea, aumento de los valores de cortisol, es un signo de desnutrición y aumenta la incidencia de infecciones (estudio del 2013). En caso de estar resfriado, suplementarse podría reducir la duración y la severidad así como la incidencia. De todas maneras, los valores en sangre disminuyen con la edad produciendo una atrofia del timo, aumento de la inflamación e inefectividad de las respuestas de los linfocitos y macrófagos (review del 2016). Otra de sus funciones es promover formación y mineralización ósea.

El déficit de selenio disminuye los niveles de IgMs, IgGs y anticuerpos.

Por otro lado, la vitamina C (naranjas, limones, mandarinas, pomelo y pimiento) que es clave para erradicar la candidiasis y el helicobacter pylori y la E (frutos secos y aceite) que protege las células contra las agresiones externas.

El hierro forma parte de las enzimas capaces de modificar la generación de radicales libres para eliminar los patógenos. Se encuentra en las alubias, las semillas de sésamo y de calabaza, la soja, los berberechos y los mejillones además de en la carne roja.

Y para que te resulte más fácil, puedes consultar esta tabla resumen.

contenido vitaminas y minerales alimentos

Existe evidencia de que los polifenoles, presentes en las frutas, las verduras y las hortalizas y el aceite de oliva reducen el riesgo de desarrollar patologías intestinales producidas por la permeabilidad epitelial y la inflamación. El te contiene flavonoides que impiden el crecimiento de las bacterias que inflaman el tracto respiratorio superior. También es conocido el papel antiinflamatorio de la cúrcuma.

Y por último, la microbiota combate el paso de los patógenos a través de la barrera intestinal que depende de la variedad de especies bacterianas que tengamos. Un desequilibrio puede desembocar en una disminución en el grosor haciéndola más permeable. Además, es el lugar dónde se generan las IgAs. Por lo que es recomendable tomar pre y probióticos. Se encuentran en los yogures, el kéfir, la manzana asada, la zanahoria, la patata y el boniato asados y enfriados.

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2 Comentarios

  1. No necesitas tomar el sol sin protección para absorver vitamina D. http://naukas.com/2017/05/18/los-peligros-no-la-proteccion-solar/

    1. Gracias por tu aportación. Lo modifico para que no genere confusión

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