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Diversidad de colores en nuestro plato, ¿cómo influye en nuestra ingesta?

Recientemente, una revista de dietética y salud hizo referencia a un estudio acerca de que comer en un plato rojo reduce la ingesta. Por este motivo, decidí buscar el artículo original. A partir de ahí, hice una nueva búsqueda exhaustiva de artículos diversos relacionados con el tema.

Primero de todo, es conveniente destacar que la vista es el primer sentido por el que percibimos las cualidades de la comida. Es decir, los productos y su forma, la cantidad, el color, la textura y la presentación. Tiene un efecto sobre nuestras ganas de comer.

El estudio que dio inicio al post

“El color rojo reduce la ingesta de snacks y bebidas sin alcohol” es el título del artículo original que se publicó en el año 2012 en la revista Appetitte. Se realizó en estadounidenses.

Es bien sabido que la cantidad de comida que ingerimos varía según la influencia de los demás y el tamaño de las porciones.

Los investigadores querían determinar si el rojo produce una disminución de la ingesta. Puesto que este color se relaciona con lo prohibido, el peligro o precaución.

Consistió en 2 estudios. uno con bebidas y otro con comida. El objetivo del estudio 1 era valorar el comportamiento sin que interviniera la sed. Por eso, excluyeron los que en las 24 horas previas ingirieron más 3 bebidas alcohólicas. Los participantes fueron asignados aleatoriamente según el color del vaso (rojo o azul). Habían de probar cada una de las 3 bebidas (te blanco, al limón y verde) y rellenar un cuestionario a posteriori. Habían de puntuar del 1 al 9 si les gustaba y le recomendarían a un amigo. Los resultados fueron que los participantes asignados al color rojo bebieron menos. Con lo que llegaron a la conclusión que el color no afectaba a la percepción del gusto.

El segundo estudio se diferenciaba del anterior por el uso de pretzels. También se observó que los que tenían el plato rojo comieron menos respecto a los del plato azul y los controles (plato blanco). Aunque los resultados son concluyentes, el estudio presentaba ciertas limitaciones. No se valoró la manera en qué influye el color rojo sobre la ingesta y si es una decisión consciente o no. Eso indicó que hacen falta más estudios para profundizar y para poder extrapolar los resultados con alimentos saludables. Fue considerado un gran paso para entender la influencia del color en la ingesta. Se podría estudiar con los envoltorios de los alimentos al comprar.

Otros estudios al respecto

En el mismo año 2012 y posteriormente a la publicación del estudio comentado anteriormente, hicieron un nuevo estudio pero con platos de pasta a los que se les añadió salsa de tomate o salsa blanca (conocida como Alfredo) a base de crema de leche y queso. Conviene destacar que los platos eran rojos o blancos y que el objetivo era valorar únicamente la cantidad que se servían. Las personas asignadas al plato blanco se servían menos con salsa de tomate y más si se añadían salsa blanca, justo lo contrario que los del plato rojo.

En el 2013, Appetitte publicó un par de estudios más sobre el tema. El primero consistía en determinar la influencia de la etiqueta y la variedad en la elección de alimentos saludables. Se llevó a cabo en 1000 consumidores de Alemania y Polonia. Estaba dividido en 4 partes:

  • Elección del producto que querían comprar.
  • Elección del producto que consideraban saludable.
  • Clasificación según lo comprarían o no tanto para los de elección propia como los saludables.

Los resultados indicaron que los alemanes tenían más facilidad para detectar los snacks saludables al incluir el semáforo en la etiqueta. Sin embargo, por elección propia tendían a escoger alimentos menos saludables. Contrariamente, la etiqueta no produjo efecto alguno en la elección de los polacos. De todas maneras, se requieren más estudios para establecer la relación entre la capacidad para elegir alimentos saludables y los hábitos nutricionales. Valorar la influencia de un logo saludable junto al semáforo, la presencia de nutrientes más saludables, el formato y el tamaño de los productos.

El segundo consistió en valorar la ingesta frente al color de los platos (rojo, azul y blanco) y se extrapoló al uso de crema hidratante. Estaba formado por 3 estudios. El primero con palomitas, el segundo con pepitas de chocolate y el último con crema hidratante. Los voluntarios se sentaban delante del ordenador con el plato para probar el producto y contestar a un cuestionario. Respecto al estudio 1, los del plato rojo consumieron menos palomitas.  Lo mismo ocurrió con el chocolate aunque  las diferencias eran entre el rojo y el azul. Lo mismo en el caso de crema aunque el mayor uso se relacionaba con la satisfacción por usarla. Las diferencias eran las mismas que en el estudio 1 junto al tipo de piel.

Las conclusiones fueron que el rojo implica una menor ingesta de forma inconsciente. Es decir, que la presentación no era determinante, incluso con el uso de crema hidratante. Aún así, se requieren más estudios para valorar si es posible controlar el consumo de los alimentos calóricos y otros productos.

Revisión bibliográfica

Posteriormente, Piqueras-Fiszman y Spence realizaron una revisión bibliográfica acerca de la relación que existe entre los hábitos alimentarios, el color y el placer que se genera al comer. Se sabe que cuanto mayor variedad de sabores, olores, colores y textura, mayor consumo. Se ha visto que el consumo de salsa de carne durante 10 semanas supone disminuye su consumo a largo plazo. Por otro lado, los adolescentes aumentan su ingesta por la presencia de diversos colores. Sin embargo, intercalar patatas normales y rojas reducía un 50% la ingesta. Curiosamente, han visto que al comprar vino tendemos a pagar más si la iluminación es roja. Además, el color produce un efecto sobre la sensación térmica de nuestro cuerpo, ya que a 15ºC tendremos frío si las paredes son azules o verdes y solo en caso de disminuirla 2ºC si son naranjas. Como conclusión, es necesario realizar más estudios en población adulta.

¿Qué ocurre con el agua?

Este mismo año, se han publicado 2 estudios. El primero considero que es muy interesante ya que incluye 3 experimentos en los que se valora la percepción, la expectación y la elección frente a la ingesta de agua. Se incluyeron 3 vasos de colores (azul, blanco y rojo) y 3 tipos de agua (con o sin gas o ligeramente carbonatada). El experimento 1 consistía en probar cada vaso (1 x cada agua y color) y puntuarlo. Se vio que se percibía más carbonatada en los vasos rojo y azul. El experimento 2 se diferenciaba del primero por contestar el cuestionario sin probar el agua. Los participantes indicaron que el agua era más refrescante en vaso blanco siendo menor en caso de ser sin gas. Por otro lado, tenían la percepción que en vaso azul el agua tenía menos gas.

Finalmente, el experimento 3 consistía en elegir el color del vaso para beber agua sabiendo de qué agua se trataba. Hubo un 69,4% que escogió el blanco para beber agua sin gas. En cambio, un 44,4% y un 55,5% eligieron el azul para consumir agua ligeramente carbonatada y con gas respectivamente.

El rojo y el comportamiento

El último estudio que quisiera comentar fue realizado por Reutner, Genschow y Wänke en el que hicieron una comparativa entre el efecto del color rojo en el consumo de alimentos saludables y no tan saludables. Los participantes habían de observar una secuencia de imágenes rodeadas por franjas rojas durante 4 segundos. Una vez vistas, tenían que listar 3 asociaciones con el color rojo para valorar cómo afecta en el comportamiento. Seguidamente, se les facilitaron varios crucigramas para resolver en 15 minutos. A su vez, disponían de total libertad para consumir chocolate o uvas negras. Los resultados indicaron que el consumo de chocolate era menor en plato rojo. Llevaron a cabo un nuevo estudio paralelo con 3 tipos de pan (blanco, integral o mixto). Les pusieron una bandera (roja o verde). La tendencia era elegir los trozos con banderas verdes, sabiendo que el pan blanco era menos saludable respecto al resto.

Reflexión final

Y ya para terminar, quisiera hacer una reflexión. Si bien los resultados indican que al comer o beber en plato o vaso rojo supone una reducción de la ingesta. ¿Cómo es posible que el consumo de alimentos (poco saludables) es excesivo si su envoltorio es rojo? ¿Es casualidad o elegimos consumirlos por el sabor? ¿Es cuestión de marcas? Como ejemplo de productos con envoltorio rojo, encontramos refrescos, chocolates, patatas fritas, bollería industrial, crema de cacao, galletas, etc.

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